Las presentaciones siempre se me han dado mal. No sé qué decir, me bloqueo, se me aturrullan las palabras en la mente y al final acaba siendo todo un sin sentido, así que intentaré hacer un resumen.
Han sido varios mis pinitos en blogs tanto individualmente como con compañeros escritores, y puedo afirmar que son una gran terapia. Muestras y compartes con el mundo aficiones, conocimientos, divagaciones y gran cantidad de cosas que aportan algo al alma. Durante un tiempo fue mi escape, lo que me ayudó a sacar muchos de los demonios que guardaba en mi interior, pero un día me dije que ya no lo necesitaba y quedó en el olvido.
Muchos años han pasado desde entonces y muchos cambios han acontecido que han hecho cambiar a esa joven ilusa e ingenua que era. ¿Palos? han caído por infinidad de flancos. ¿Decepciones? miles. Pero la gracia de todo es que a pesar de arrastrar una mochila con losas gigantes (que a poco que me descuide me va a herniar) puedo decir que esos cambios no han afectado a esa ilusión e ingenuidad, sino a mi estado psicológico.
La depresión y la ansiedad han estado conmigo más de la mitad de mi vida. Ha habido épocas de cierta mejoría en las que incluso no he necesitado ningún tipo de ayuda (llámese medicación, terapia o ambas cosas), sin embargo eso han sido, momentos breves. Al final unas cosas y otras han hecho que vuelva a entrar en el túnel, lo recorra sin parar y no salga. "Trastorno adaptativo mixto", me dijeron. "Con esfuerzo lo superarás", añadieron. "Va a ser largo", me advirtieron. Y unos tres años después aquí seguimos mi amigo y yo.
Así que he decidido volver a usar la escritura como refugio. Tantos y tantos pensamientos que dan vueltas dentro de mi cabeza, rebotando de una esquina a otra y que gran parte del tiempo no puedo contar, irán a parar a este "cajón desastre". Habrá recuerdos, música, cine, arte en cualquiera de sus expresiones, desahogo... y terapia, mucha terapia para mí en mi rincón. Porque eso es lo que va a ser este blog, un segundo hogar.
Bienvenidos al diario de una cuerda trastornada.
"Cuando un loco parece completamente sensato, es ya el momento de ponerle la camisa de fuerza" (Edgar Allan Poe).